Laura García Tuñón

Un paro que cambia el rumbo

Volvemos a marchar. Los maestros volvemos a protestar por nuestros salarios y por una educación mejor. El presidente nos dice que las familias “caen” en la escuela pública, no la eligen. Muchos memes y contestaciones aparecieron en las redes ante semejante “equívoco”. Sin embargo, son muchísimas las familias que siguen eligiendo la escuela pública como opción. Son muchísimos los estudiantes que se destacan en las escuelas públicas. Son muchísimos las docentes que todos los días ponen todo de sí para enseñar en la escuela pública. Pero el Estado, ¿pone todo?

Hace muchísimos años que vienen destruyendo de a poco la escuela. Aumentando los subsidios a las escuelas privadas y desprotegiendo hasta los edificios públicos. Nos tiran con los “pésimos” resultados de las Pruebas Aprender (aunque nunca los vimos) pero no se preguntan ¿por qué dieron así? La culpa sigue siendo de los maestros que no enseñan, y de los estudiantes que no aprenden. Vale recordar que en la Ciudad de Buenos Aires el macrismo gobierna desde el 2007 pero mira para otro lado. Y así lo confirma el ¿Nuevo? Plan Maestro presentado por el presidente. Llamar Plan Maestro y no Plan Educativo o Plan Aprender, a las propuestas educativas que planificaron es, nuevamente, poner en cabeza y responsabilidad del docente, la deplorable situación de las políticas de educación de las últimas décadas.

Las maestras, maestros, profesores, preceptores, educadores somos un engranaje importante de la educación, pero no somos los únicos responsables. El educador popular Nano Balbo asegura que “si se quiere ser un verdadero educador, es necesario comprometerse con los procesos sociales, la educación es un conflicto que se resuelve a futuro”. Hay que involucrarse. Freire decía que el hecho educativo es “eminentemente político”. Y esto, muchos lo demostramos dando clases, preparando en casa las actividades, estudiando, conteniendo a familias y estudiantes, y también parando y marchando para defender la educación.

Pero los paros de este año son distintos. Y no porque gobierne Macri. En muchas provincias todos estos años han parado y marchado y fueron ignorados por gobernadores, presidentes/as y medios de comunicación. Son distintos porque se volvió a reconstruir el entramado de unidad en las escuelas y distritos escolares. Las maestras salieron nuevamente con las banderas hechas a mano con el nombre de sus escuelas y distritos. La unidad de la lucha la van construyendo cuerpo a cuerpo entre los que comparten día a día las batallas de la enseñanza y el trabajo.

Y son ellos los que hoy dan una verdadera lección sobre como defender con alegría y paciencia sus derechos. Enseñan a los gobiernos provinciales y nacionales que no se van a dejar menospreciar y que sus salarios no son variable del ajuste. Enseñan a las conducciones sindicales que las decisiones se toman escuchándolos y que sin la organización en cada escuela los sindicatos son cáscaras vacías.

En un país donde Mirtha Legrand o Santiago del Moro son los “analistas políticos” del momento, donde a Roberto Navarro le dicen que es el hijo de Rodolfo Walsh, donde Copani es el heredero de Silvio Rodríguez y Marcelo Tinelli es personalidad ilustre, es evidente que la educación está muy mal. Pero la solución también es evidente, se trata de pensar una educación distinta para un modelo país distinto. Y por si alguien tenia alguna duda, hoy queda claro que eso no lo van a hacer desde un gobierno de CEOs y empresarios que se enriquecieron de los contratos del Estado en los últimos 30 años, y que jamás pisaron una escuela pública.

La contundente y masiva Marcha Federal Educativa parió, con una sonrisa, una nueva expectativa histórica, como lo hizo la Marcha Blanca del 88 o la lucha en los 90 que coronó la Carpa Blanca. En esta disyuntiva histórica, el macrismo solo tiene dos opciones: ceder ante la legitimidad del reclamo o inventar una nueva excusa para intentar doblegar una lucha que no es solo de los docentes, sino de todos los que defiendan a la Educación como herramienta esencial en la construcción de un futuro mejor.

Más de 300 mil maestros y maestras en las calles exigen ser escuchados por los gobiernos, los medios de comunicación, la sociedad, y también, por las dirigencias sindicales. Queremos una educación pública. Queremos un país mejor. Por eso trabajamos día a día. Por eso defendemos la carrera docente. Por eso exigimos un salario digno. Por eso seguiremos luchando por condiciones laborales que nos permitan, simplemente, hacer nuestro trabajo.

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