Laura García Tuñón

Recuperar la pedagogía para transformar nuestras prácticas

La Educación Popular (EP) es una propuesta educativa para todas las edades y para todos los procesos educativos. Es una concepción que se construye desde las resistencias y las alternativas, por eso es una construcción colectiva permanente y genera procesos de producción de conocimiento y de saber.

¿Cómo sé que es educación popular o no? La educación popular trabaja con capacidades. Lo que nos importa son las capacidades que tienen los estudiantes. Para ello necesito trabajar con su cultura. Hoy en todas las reformas educativas que se llevan adelante en América latina y en el mundo se habla de competencias. Las capacidades son una condición innata de los sujetos, las llevan adentro. Las competencias son impuestas desde afuera, son externas.

Esa opción de transformación exige una acción ético política, y ser capaces de reconocer la sabiduría que hay en distintos lugares.

Interpretar la realidad para un educador popular no es quedarse en el simple análisis crítico de la sociedad que nos gobierna. Los educadores y educadoras populares tenemos que leer en clave de dar respuestas colectivas y creativas.

La educación popular construye el empoderamiento de excluidos y desiguales y propicia la organización para transformar la sociedad. Lo hace en el diálogo con los saberes y construye la negociación cultural para construir lo común para transformar, a través de reconocer la existencias de saberes en la sociedad. Eso significa que la pedagogía de la educación popular lo que hace es permitir la emergencia de los saberes sometidos, de los saberes excluidos.

Los “bachis” y otras experiencias

Los Bachilleratos Populares buscan responder a las demandas por acceso, permanencia y terminalidad del nivel medio por parte de jóvenes y adultos excluidos del sistema formal y toman para sí la construcción de conocimiento, como proceso colectivo y acción política emancipatoria.

En todo el país hay alrededor de 86 Bachilleratos Populares con diversas formas de reconocimiento en cada provincia. Sólo en la Ciudad hay 33 inscriptos en el registro Estatal.

Ellos reafirman, que los sujetos de estas prácticas se empoderan en una praxis, en la búsqueda de construir sociedades desde otro lugar.

Para muchos movimientos, esto se manifiesta como un “tomar la educación en sus manos”. Porque pueden producir conocimiento, pensar materias y nuevas formas de enseñanza, reconocer el lugar de los sujetos como protagonistas de sus propios procesos de aprendizaje. Todas estas cuestiones a la vez, se convierten en la posibilidad de formar a estos sujetos críticos, militantes, mejor calificados para el trabajo, pero es insuficiente para los procesos de emancipación.

Ante estas experiencias educativas, planteamos que el Estado tiene la obligación indelegable de hacer educación, pero no monopolizarla. La sociedad civil, y en particular los movimientos sociales, tiene el derecho de armar sus propios proyectos educativos y el Estado tiene la obligación de auxiliarlo económica, pedagógicamente y en todo lo que necesite.

La escuela en crisis

Todas las escuelas hoy tienen dificultades. Desde el más pequeño de los jardines hasta la universidad más prestigiosa. La escuela pública es la escuela democrática. Si no es democrática podrá ser estatal, pero no pública. Las otras son empresas lucrativas. La escuela muchas veces tiene dificultades para conocer a los alumnos/as, y desconoce que cada chico/a es portador/a de una cultura distinta. Tiene dificultades para conocerlos y para poder armar una estrategia que respete esa cultura y que permita que se dialogue con esa cultura, porque la escuela tiene una cultura añeja y eurocentrista.

Todos sabemos que la escuela no está dando respuestas. Todos hablan de crisis educativa, pero cuando se habla de solución, en general, hay dos elementos que parece no existen: el alumno y el docente. El alumno está invisibilizado. Se habla de reforma curricular, se habla de categorías, estándares, currículum, con criterios internacionales. ¿Y el alumno? Que es el sujeto de la clase, que es el que tiene las capacidades, no aparece.

El docente es depositario de la responsabilidad de todos los males de la educación. O se le dice que frena el proceso de transformación. Es difícil construir cuando se lo sospecha. Hoy el Docente está siendo acorralado y se le ha sacado autoridad. Y así es muy difícil que pueda enseñar.

Esto lleva a una invisibilización de lo determinante de cualquier proceso educativo, que es la invisibilización de lo pedagógico. Hoy no se está trabajando la pedagogía. Hay una pérdida de la importancia de la pedagogía. A veces se llama a todo pedagogía, sin fijarse los alcances de la pedagogía, es devaluar o invisibilizar a la pedagogía. Porque hablar de pedagogía es hablar de educación. Hoy vivimos, como dice Luis Bonilla, ex ministro de educación de Venezuela, un apagón pedagógico, donde la pedagogía para muchos funcionarios parece que no se inventó.

Si como trabajadora de la educación, entrego la pedagogía, habré dejado de ser docente, porque la pedagogía es el saber que me permite a mí ser docente. Es el que me permite construir una identidad, es el que me permite darle sentido a mi práctica. Recuperar la pedagogía como esa ciencia que me guía como docente, le da sentido a mi práctica. Si yo no conozco la pedagogía, yo como docente soy un administrador. Otros deciden por mí y yo ejecuto las decisiones que tomaron otros.

Si yo utilizo la pedagogía que me permita dialogar con los saberes de mis alumnos, que me permita conocer cuáles son sus capacidades y que la escuela les ayude a desarrollarlas, o que al menos no se las obture, seguro que voy a conseguir estudiantes magníficos.

Un desafío permanente

Para ir cerrando, la EP no está afuera del sistema. Tiene que estar dentro de todo el sistema. De los jardines, las primarias, las escuelas medias, la Formación Docente, la Universidad y los espacios educativos que se dé la Sociedad Civil.

Tenemos que pensar que un aula es todo espacio con criterio pedagógico donde un grupo de sujetos se junta con la voluntad manifiesta de enseñar y aprender. Es todo espacio en donde la sociedad se organice para enseñar y aprender.

Necesitamos recuperar la pedagogía, y como educadores promover encuentros y debates sobre educación con sentido emancipatorio. Esto nos obliga a reconstruir nuestra identidad y salir al cruce a este proceso de colonialización al que nos quieren someter.

Si no descolonizamos nuestras cabezas, promovemos y trabajamos en concepciones, contenidos, metodologías, organización escolar y relaciones distintas dentro de la escuela y en todos los espacios educativos, y que sean realmente emancipatorios, seguiremos sosteniendo el mundo desigual, capitalista y patriarcal en el que vivimos.

*Intervención de Laura García Tuñón en el 2º Encuentro Nacional por la Niñez organizado por el Foro por la Niñez, la Fundación Che Pibe, el movimiento Niñez y Territorio y ATE Argentina, que se realizó el 11 y 12 de noviembre en el Escenario Galpón de la Juventud en la ciudad de Rosario. Panel “Educación, sistemas educativos en crisis y formación docente en clave de Educación Popular, cómo y para qué educamos”.

Comments are closed.